Rito Espiral

La partida.

Esta historia comienza con un adiós. El adiós a una jaula de la que siempre tuve la llave. Una jaula tanto insostenible, como también cómoda, en tanto conocida… Cada barrote fue erigido a partir de una palabra escuchada, de una orden dada, de una voluntad coartada, de una creencia transmitida, de una Verdad pasada (y a veces impuesta). Muchas veces sentí el impulso de decirle adiós a la jaula, pero el apego a lo conocido funcionaba como un gran imán. Sin embargo, la llave estuvo siempre estuvo ahí, colgada a mi cuello.

 

“Adiós”, le dije a la jaula, y partí. Con el fulgor que había surgido entre tanta oscuridad al integrar la parte que me faltaba, encendí mi flecha fueguina, y se la encomendé al Misterio. Tomé mi arco, y disparé, para que la flecha me marque las coordenadas. Y al galope comencé a andar, guiada por su trayecto. El camino de la flecha es siempre recto, y su blanco es siempre el Corazón. De ahí mi fé, de ahí mi certera convicción. Esta historia comienza con un adiós, que es un fin. Porque el fin de algo es siempre el principio de otra cosa.

 

 

La búsqueda.

Como una peregrina, partí. Y en el cuerpo, reviví a todos los que partieron alguna vez. Ya sea para sobrevivir, o para aventurarse, o para aprender, o para perderse y luego poder encontrarse mejor. La flecha de fuego me guiaba: aunque no negaré que más de una vez los paisajes por los que me llevaba me parecían por demás extraños, siempre supe que el camino sería el correcto. Porque el fuego con que había sido encendida provenía de mi propia integración. Seguir una flecha de fuego supone siempre una iniciación.

 

¿Quién definiría mi forma, ahora que ya no había jaula? Me estaba adentrando en territorios espesos y caminos sinuosos en donde nunca había estado. Lo que me sostenía en pie, era la voluntad, el deseo, el motor, y la fé en mi flecha. La jaula me definía, me decía quién soy. Ahora que no hay jaula, el Camino mostrará.

 

La Verdad.

¿Los barrotes de la jaula mentían? Eso pensé cuando decidí decirle adiós… Pero quizás hayan sido verdad para otros. Tanto tiempo he caminado guiada por verdades que no compartía, tanto tiempo he basado mi existencia en definiciones del mundo que me eran ajenas… ¿Cuál es mi Verdad? El camino mostrará.

 

Los lentes con los que veo, la piel con la que percibo, los oídos con los que te escucho, nunca mentirán para mí. Y así los llevaré como estardarte, y guiarán mis pasos, y serán honrados por mí a cada decisición. Allí voy, a buscar mis lentes, a ponerme mi propia piel, a encontrar mis oídos… El camino mostrará.

 

 

El Camino.

El Camino es el Maestro. Cada vez que camino en busca de mi Verdad, aparece Él como una esfinge. “Descíframe o te devoro”, me dice, y me presenta su adivinanza. A veces lo olvido, pero la respuesta a todos los enigmas siempre soy Yo. Siempre que estoy frente a Él, es ser consumida, o crecer. Ah!, pero cuando crezco, me expando como una supernova sin fin. El Camino es el Maestro más severo, el de la lección más importante. Y todos los caminos que me son verdaderos, son siempre hacia adentro…

 

 

 

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Autora

Lorena Butrón
Mujer del Clan de la Palabra, viajera, artista, terapeuta holística, astróloga y facilitadora de círculos de mujeres. Mulher do Clã da Palavra, viajante, artista, terapeuta holística, astróloga e facilitadora de círculos de mulheres.
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