Astrologia Reflexion

La Luna: ¿Qué significa en astrología?

Bienvenidxs cosmonautas! Continuamos esta serie hablando sobre planetas. En una interpretación, lo que les vaya compartiendo por aquí se puede complementar con artículos anteriores, sobre signos! De todas formas, también les voy a compartir aquí algunas puntas para pensar cada uno de los planetas por cada uno de los signos… Hoy seguimos con la Luna! (si, ya sé que es un satélite, pero para la astrología son todos planetas, para simplificar, vió?)

La Luna: la reacción infantil.

Si el Sol es “la punta del iceberg”, la Luna nos señala que hay todo un resto gigante de él por debajo del agua… La Luna nos habla de aquello que no es tan visible. No porque no nos expresemos desde ella, sino porque es una expresión “reactiva”, instintiva, aprendida, y sobre todo INFANTIL. Simplemente surge, como respuesta a un estímulo del orden de lo afectivo.

La Luna remite a respuestas afectivas aprendidas en momentos en que ni lenguaje teníamos para nombrar lo que sentíamos. Y en momentos donde dependíamos 100% del entorno. Por eso está tan ligada a la relación con la función materna, y a nuestra infancia. Así, nos habla de esos “lugares” donde buscamos refugio para sentirnos segurxs, para sentir que nuestras necesidades están cubiertas y que no experimentaremos la falta (o eso creemos…). Por tanto, nuestro signo lunar responde a la pregunta “¿qué NECESITO?”.

La Luna: el aprendizaje afectivo.

Cuando hablamos de afecto pensamos en el abrazo y el cuidado. Y sí, es parte. Pero en realidad, el afecto es “aquello que nos afecta”. O sea, lo que nos importa, lo que no nos es indistinto. Y ante lo que nos importa, no sólo reaccionamos “abrazando”. También con ira, con miedo, con líbido… La Luna en astrología nos habla de nuestros aprendizajes afectivos inaugurales, que fueron respuestas que dimos ante determinados estímulos afectivos. Muy en relación a nuestros primeros afectos, que suelen ser nuestros padres, y en particular mamá. Esos aprendizajes afectivos no pasaron por una reflexión, simplemente reaccionamos como pudimos siendo bebés, y como un sistema operativo que se instala en una compu, así quedaron grabados…

Hoy, de adultos, respondemos a los estímulos afectivos desde allí generalmente. Salvo que, con mucho trabajo terapéutico, logremos ver como repetimos siempre las mismas respuestas, y con más trabajo aún, podamos ir lentamente ensayando otras respuestas posibles… Por eso la Luna es ese cuerpo oculto del iceberg, porque engloba un cúmulo de respuestas afectivas y emocionales automáticas, aprendidas. Desde ahí reaccionamos.

La Luna x signos.

Vamos a tirar puntas para comenzar a pensar a la Luna en cada signo, nombrando ciertas frases que intenten responder a las preguntas “Cómo/qué siento? / ¿Qué necesito? ¿Cómo gestiono mis emociones? ¿Cómo lidio con la falta? ¿Dónde/cómo/con quién o haciendo qué me siento segurx?” Ahora: ¿esto equivale a una lectura? Claro que no, se queda cortísimo. ¿Esto intenta decirte “cómo sentís”? Obvio que no, yo no te conozco. Pero la invitación es a ver qué de aquí nos resuena, para poder profundizar… Claro está que no nos van a resonar todas estas frases, porque cada quien tiene “su forma” de ser “Luna en X signo”… Hay también algunas palabras o frases que te pueden parecer “medio fuertes”. No necesariamente hablan de vos. Los signos son arquetipos, y contienen todo un espectro de posibilidades. Pero no está demás preguntarnos si a veces nos pasa esto a nivel emocional ¿no?

Respondo a los estimulos displacenteros/la falta con ira/preponderando “lo que me es propio” (MIS opiniones, sentires, percepciones, etc). Me siento segurx ganando una discusión/actuando rápido/”sacando de la escena” lo que me genera algún conflicto y que venga del otrx/siendo impulsivx/cuando no me atraviesa la duda ni la reflexión.

Respondo al displacer/la falta con terquedad o tozudez/abandonándome a los placeres del cuerpo (aunque resulte excesivo). Me siento segurx cuando algo es estable y puedo sostenerlo a través del tiempo, cuando no hay sorpresas ni imprevistos, con gente tranquila, simple y transparente, cuando nada me apura.

Respondo al displacer sobreintelectualizando/hablando de más/riendo para huir del conflicto. Me siento segurx cuando no hay silencio, cuando hablo y me escuchan (y me entienden), cuando puedo “entender lo que siento y lo que me pasa” (porque “tiene lógica”), con gente a la que pueda admirar o me admire intelectualmente, con quien pueda reir.

Respondo al estímulo displacentero/la falta con llanto, con nostalgia, con reclamos, con encierro/introspección. Me siento segurx cuando estoy rodeada de mis afectos, cuando la relación con el pasado se mantiene viva, con quienes puedo mostrarme vulnerable y me siento cuidadx, cuando aceptan que les cuide, cuando “cabe mi reclamo”

Respondo al displacer/la falta con orgullo, con aparente o real “superación” (“esto no me afecta”). Me siento segurx cuando me miran, cuando reconocen mi grandeza e importancia, cuando recibo el amor de lxs demás, cuando hago algo en lo que sé que soy buenx y “brillo”.

Respondo al displacer con (auto)exigencia, con excesivo orden, control e “higiene” (en todo sentido). Me siento segurx cuando “todo está en orden”, cuando nada venga a quebrar mis rutinas y hábitos, con quien sea pulcrx y ordenadx en todos los aspectos, con quien precise de mis favores, ayudas, servicios.

Respondo al estímulo displacentero con complacencia, condescendencia, negación del conflicto, o directamente ausencia ante la disidencia (de cualquier tipo). Me siento segurx en ambientes y situaciones “estéticas” (armoniosas). También con personas “livianas”, suaves, donde el conflicto no se presente, o bien con personas que alimenten mi dependencia.

Respondo al displacer con furia, venganza, drama, o bien introspección, o bien poniéndome en un lugar de poder por sobre el otrx. Me siento segurx en una posición de dominancia, con personas manipulables, o bien en contacto con el dolor, o bien simplemente con quien se pueda compartir desde lo profundo, sin banalidades, y donde haya lealtad e intensidad.

Respondo al displacer negando, escapando, o bien imponiendo mis verdades y creencias. Me siento segurx en contacto con mi fé y mis convicciones, donde haya optimismo y alegría, donde me sienta desafiadx a superarme, experimentando lo nuevo y desconocido.

Reacciono al displacer con rigidez, dureza, acusaciones, represión de emociones que me conectan con mi vulnerabilidad. Me siento segurx cuando logro alcanzar mis metas, cuando las relaciones afectivas pueden mantener una cierta distancia emocional, cuando lo afectivo no se convierte en una traba para concretar lo que ambiciono.

Respondo al estímulo displacentero acentuando lo que me diferencia de lxs demás, alejándome del afecto, evitando cualquier apego. Me siento segurx justamente desconectándome de lo que me recuerda que preciso un lugar seguro (porque me hace reconocerme vulnerable). También con personas “tan diferentes del rebaño como yo”, con ideas revolucionarias e innovadoras, o que simplemente “lleven la contra” de las ideas “de la mayoría”. Me siento segurx en comunidad, en grupo, siempre y cuando el afecto que nos une no se vaya demasiado al plano de “lo personal y subjetivo”, sino que pase por nuestros ideales en común.

Respondo al displacer evadiéndome de la realidad que me frustra, imaginando otros mundos posibles que no sé cómo concretar, confundiendo expectativa y realidad. Me siento segurx en mi propio mundo de fantasías, estableciendo lazos donde ambas partes sean empáticas con la otra, o bien donde yo pueda ser empático y el otro se aproveche de esto… Me siento segurx en ambientes y situaciones o con personas donde pueda expresar mi creatividad y donde pueda habitar mi sensibilidad.

Vuelvo a repetir que estas palabras y frases sueltas no tienen cómo convertirse en una lectura/consulta. Si nos quedáramos sólo con esto, reduciríamos todo a una mera dinámica de horóscopo de revista. Esto puede complementarse con los artículos anteriores sobre signos, y a su vez con los próximos, donde tocaremos otros planetas. Aquí va el ejercicio con estas lluvias de ideas que te he propuesto más arriba:

  • Ubicá tu Luna (tu signo lunar)
  • Leé lo que aquí dice sobre tu Luna y, papel y lápiz de por medio, registrá cualquier cosa que te venga a la mente y al cuerpo. Asociación libre que le dicen…
  • Preguntate: ¿suelo gestionar así mis emociones? / ¿En qué situaciones afectivas se dejan ver esas palabras o frases? (recordá que “el afecto” va mucho más allá de una relación con otra persona… Cuando decimos “afecto” decimos “aquello que no me es indistinto”) / ¿Qué me pasa cuando no puedo pararme en ellas, por x motivo? (es decir, qué me pasa como Luna en Leo cuando no me siento miradx, o como Luna en Capricornio cuando me encuentro con mi vulnerabilidad o cuando preciso ser cuidadx por otrxs, o como Luna en Acuario cuando me piden “presencia emocional”?

Y a vos, ¿cuáles de estas palabras te resuenan de tu signo lunar, y cómo las vivís?

También puede gustarte...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *