Astrologia Reflexion

Luna Llena en Cáncer

[ 30|12 ] Luna Llena en Cáncer: El afecto que nos salva

Que el 2020 termine con una Luna Llena en Cáncer me parece la forma más cierta de cerrar el año. ¿Qué se nos muestra como importante de recordar, o bien (en el mejor de los casos) como un aprendizaje incorporado? Nada más ni nada menos que EL AFECTO. En Cáncer, primer signo de Agua de la rueda, nos deparamos por vez primera con el afecto, y por tanto con los primeros aprendizajes afectivos. Aquellos que nos moldearon, en el hogar y en el contexto familiar en nuestros tiempos infantiles. Cáncer nos recuerda que nacer es, para nosotrxs, salir del cuerpo de mamá y prenderse a su teta en un abrazo blando, cómodo, húmedo y tibio. Y señala la gran diferencia entre esta forma de vivir nuestro primer Rito de Paso, y la forma de quien nace de un huevo, algunas veces (según la especie) sin la presencia materna…

Desde el minuto 0, la sobrevivencia del mamífero está basada en el contacto, el sano apego y el afecto. Qué importante que esto se nos recuerde como recado de este 2020, en el que todo eso se vio afectado y muchas veces imposibilitado… Quizás veníamos bastante desconectadxs de lo que somos, y este año nos lo recordó de una forma un tanto cruel, pero certera. Sólo al no poder abrazar, besar, dar presencia física ante la alegría compartida o bien ante la angustia y la pérdida, quizás hayamos podido recordar que SOMOS Y ESTAMOS EN EL MUNDO A TRAVÉS DEL AFECTO…

¿De qué hablamos cuando hablamos de afecto?

Solemos pensar primeramente en el abrazo, el cuidado, y estas cosas. Y ciertamente, es la principal forma en que Cáncer nos habla de afecto. Pero en realidad lo que nos resulta del orden de «lo afectivo» es lo que «nos afecta». Creo que ésta es la mejor definición que podemos dar: «el afecto es lo que nos afecta». Pero no desde un lugar peyorativo. Lo que nos afecta en el sentido de que no nos es indiferente. Lo que nos interpela, nos atraviesa, y con seguridad y en mayor o menor medida, nos transforma… La neurociencia aplicada al psicoanálisis establece una serie de sistemas afectivos entre los cuales está el cuidado «canceriano», pero también la ira, el miedo, el juego, el goce…

Son formas de vinculación con el mundo que vemos en los cachorros de cualquier especie mamífera aprendiendo a vivir… Sólo que para el ser humano, con un lóbulo cerebral frontal más evolucionado, casi sin instinto y con deseo, esto se complejiza por mil. Pero en definitiva, hablamos de aprendizajes muy tempranos, en un momento carente de lenguaje verbal (en el caso del cachorro humano), sin poder organizar estímulos, y con un alto nivel de dependencia del adulto para sobrevivir. Ni aprendimos a nombrar lo que sentimos, que ya lo estamos introyectando al subconsciente de nuestro psiquismo en forma de respuestas posibles. Y esas respuestas afectivas que damos a las situaciones vividas (que son las que nos salen en la infancia ante la necesidad de sobrevivir), son las que repetiremos más adelante de forma sistemática, si no les echamos un ojo…

El afecto: salvación y condena

Por un lado, estamos vivos gracias al afecto. Digan ahí si a alguien no le quedó claro este año que el afecto es una necesidad básica, como comer… La leche materna rebalsa de oxitocina justamente para generar apego mamá-bebé, y que el infante se prenda a la teta para mamar y no morir de inanición… El afecto nos salva la vida, y no es sólo una metáfora. Pero a su vez nos condena, en cuanto nos define como seres sociales, de manada. DEPENDO EN ALGUNA FORMA DEL AFECTO DEL OTRO. Claro que no como cuando éramos infantes. Pero levanten la mano todxs los que tuvieron que lidiar terapéuticamente este 2020 ante la imposibilidad de abrazar, de encontrarse, de compartir presencialmente…

¿Cuáles son las respuestas afectivas que nos resultan cómodas en cuanto conocidas, pero que siempre nos llevan al mismo callejón sin salida? Bueno, esas «casas cancerianas» hay que dejarlas atrás. Y podemos teorizar mil años, pero ¿sabés en qué reside la mínima chance de aprender respuestas afectivas innovadoras y alternativas? En la práctica. Yendo a la manada, al encuentro con el otro, y probando otra cosa en el exacto momento en que estás a punto de responder de la misma manera. No queda otra. «Orar y vigilar» por nuestros afectos… Hay una canción Medicina del conocido Alonso del Río que dice «Somos niños aprendiendo el cariño». Yo me permito humildemente reformular esa afirmación: «Somos adultxs reaprendiendo las respuestas afectivas que de niñxs introyectamos»…

El Yo, entre la blandura y la dureza

La astrología lunar de hoy se define en una T cuadrada (Luna Llena en Cáncer opuesta a Sol y Mercurio en Capri, ambos puntos cuadrados a Quirón en Aries), y un sextil a Lilith-Urano en Tauro. El discurso solar pasa iluminando la destrucción de la que Capricornio fue escenario este año, por tierras duras, rígidas, secas. Estructuras aparentemente inquebrantables… Claramente, este año tan capricorniano nos dejó en claro que hasta las estructuras más sólidas pueden caer. Y por un lado, qué bueno, ¿no? Porque si existe esa posibilidad, significa que es posible llegar al líquido magma guardado en su interior… Es posible conectar con lo blando, y de allí generar nuevas estructuras, más flexibles y amorosas, para sostener y contener lo afectivo y lo creativo que hay dentro.

¿Pero al final qué somos? ¿La dureza que nos protege ante un mundo hostil, o el corazón vulnerable escondido en su interior? ¿Podría sobrevivir ese corazón sin el caparazón que lo protege (apreciaciones «new age» y afirmaciones baratas aparte…)? ¿Tendría sentido el duro caparazón si está vacío, sin algo vulnerable e importante que proteger? Quirón en Aries expresa el dolor de ser «Yo», sobre todo porque a veces no sabemos bien ni qué es eso… El sextil con Urano-Lilith en Tauro quizás exprese la oportunidad: cambiar nuestra forma de vincularnos con el discurso del cuerpo. Con el deseo, la piel y el contacto que piden espacio para ser escuchados. Que es, a su vez, el deseo de tantas que no ha tenido lugar… Que el deseo, portador de lo creativo, sea faro y guía…

Somos esto. Somos afecto. Con lo que éste nos posibilita, y también con las cadenas que nos impone. Querer escapar de esto es una pérdida de tiempo (y no vivimos mucho como para tirar el tiempo a la basura). En este año de tanto distanciamiento social, de tanta pelea entre gente querida por la angustia de no poder explicar algo que es «trágico», de no poder conocerse ni despedirse… Creo que esta Luna Llena en Cáncer nos pide habitar un lugar de humildad, y vulnerabilidad. Arrancá este año sacándote la armadura. Dentro de lo posible y con el cuidado que merezca, abrazá. Besá. Decí. Está y sé con el otro. No mueras… ¡Que tengas un lindo pasaje, y que el 2021 te reciba cultivando tu relación con el afecto, de la forma que sea!

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