Astrologia Reflexion

Cuarto Menguante en Virgo

[ 7-12 ] Cuarto Menguante en Virgo: La Virgen se descubre Humana.

Estamos menguando, es decir yendo hacia dentro, x2. Porque estamos en el ocaso de este ciclo lunar, y porque estamos en medio de esta temporada de eclipses. Ambos, momentos para quedarse quietecitx y que la e-labor-ación vaya por dentro… Recapitulando el relato actual: Nueva en Escorpio – Creciente en Piscis – Llena (eclipsada) en Géminis… Cuarto Menguante en Virgo. Rezo puesto sobre el dolor de la herida – crecimiento apoyado en la compasión – descubrimiento y caída de las máscaras que fingen perfección – ACEPTACIÓN DE NUESTRA IMPERFECCIÓN. Quizás menguar en Virgo sea un poco soltar aquella imagen perfecta de sí y del mundo, y obviamente de todo lo que nos pasa.

La Virgen, la que «está libre de pecado», no está libre de «fallas», sino de incoherencias. La im-pecabilidad es eso: la coherencia. Entre lo que pienso, lo que siento, lo que digo, lo que hago, lo que deseo; conmigo, y con la otredad. Pero convengamos que impecabilidad se nos confunde con perfección muchas veces; y después andamos renegando de nuestra humanidad…

La Luna Llena eclipsada y en Géminis nos invitó a dejar caer las máscaras para encontrarnos con un ser escindido, separado, fragmentado. Y por tanto, nos invitó a verle la cara a toda la imperfección que nos construye… Nos invitó también a observar que nuestra experiencia puede ser catalogada como «imperfecta», porque la perfección es una expectativa destructiva, una fantasía irrealizable. En este sentido, el Cuarto menguante en Virgo nos empuja a no sólo ver, sino aceptar a ese ser fallido debajo de la máscara que lo cubría…

El movimiento real.

Vuelven las T cuadradas a la astrología lunar… Esta vez, la T se forma entre este Cuarto Menguante en Virgo, Sol en Sagi y Neptuno en Piscis. Vamos a comenzar por la cuadratura Luna-Sol. Venimos en lunación escorpiana: en encuentro con la sombra, y el dolor de la herida de la separación (recordá que en el video más reciente en youtube.com/c/RitoEspiral tenés toda la info). Hay una forma de observar el pasaje de Escorpio a Sagi que me gusta mucho. Es pensar en el descenso a las profundidades y oscuridades personales para integrar lo perdido, y recién ahí se abre la posibilidad de salir con la luz en las manos y en el corazón. Desde aquí puedo recién comenzar una verdadera búsqueda de mí misma, preguntándome con Sagi «¿quién soy?». Sino, el camino de búsqueda será siempre pura repetición, pura pulsión de muerte…

Para habitar la búsqueda de sí, y «arrancar la ruta» hacia la aventura de lo que desconocemos de nosotrxs mismxs, será imprescindible aceptar el real punto de partida. Y este es muy distinto al que nos devolvía el espejo cuando teníamos nuestras máscaras puestas… Quien se busca no es el/la de la máscara, sino este ser imperfecto, fallido, con faltas, que somos… Menguar en Virgo, por ende, es menguar la (auto)exigencia ante lo que vemos a caerse las caretas.

La evasión.

El tercer punto de la T: Neptuno en Piscis. Si bien resaltamos hace dos semanas las dádivas piscianas en el Cuarto Creciente, Piscis expresa sus complicaciones aspectada a una Menguante y dentro de una tensa T. Piscis es unión. Pero lo que para crecer se traduce en empatía y compasión, para decrecer se vuelve confusión y evasión… Cuando experimentamos la unión se abre una gran posibilidad de integrar con amor, pero a su vez unirnos con todo lo circundante diluye los límites que permiten discernir, y por ende ELEGIR. Todo se convierte en una mixtura confusa, y propicia la evasión, la huída, la desconexión de lo concreto. Y lo cierto, es que para encarar el viaje sagitariano y trascender así la repetición (del dolor) escorpiana, se hace necesario un determinante SÍ, un punto de inflexión…

Dejar atrás las exigencias de perfección, que no hacen más que lastimar al Yo humano que somos, quizás no sea fácil. Y será tentador dejarnos llevar por la corriente de la evasión; cerrar los ojos y alucinar que somos otrxs, fantasear con identidades y autopercepciones inexistentes… Pero el/la que parte en búsqueda de sí es el/la que somos, con todo lo que nos agrada y lo que nos acribilla. Esta astrología nos conduce hacia una intensa aceptación de lo que somos, que es la única forma de ir hacia todo lo que querramos ser… El punto no tocado por la T cuadrada en este caso es Géminis: sigamos trabajando en derribar nuestras mascaras. Si vamos a impostar, que no sea para mentir o mentirnos, sino para resaltar lo que somos de verdad, con todo lo que nos falta y lo que nos sobra.

La Virgen, y la diferencia entre autoexigencia y responsabilidad.

Finalmente, cerramos con el aspecto más intenso de esta astrología, que es la conjunción virginiana Luna-Vesta. Vesta, asteroide regente de Virgo, era en la mitología antigua la hermana mayor de Zeus, que decide alejarse del conflicto sistémico/genealógico para refugiarse en el cuidado de sí… Mientras los dioses del olimpo (comandados por Zeus) libran la Titanomaquia o Guerra de los Titanes (guerra contra sus «represores» antecesores). Vesta opta por quedar por fuera. Por el contrario, se dirige a la cima del Olimpo en una experiencia ermitaña, alejándose de una lucha que no siente propia y que la aleja de ella misma. Por tanto, se le concede la labor de guardianar el Fuego de la Creación, una tarea de gran importancia que requiere de atención y devoción total.

En astrología, Vesta nos cuenta de ese lugar que «nos enciende», y que si no guardianamos y alimentamos, nos convertiríamos en meros zombies andando por ahí… Sin impulso, sin Deseo, sin vitalidad. Este es un lugar nos dice Vesta, que es nuestra responsabilidad cuidar y nutrir. En Virgo y en conjunción a esta Menguante, cuidar de «la Virgen que somos» se vuelve imperante. Y no es que seamos vírgenes por castidad sexual. Sino porque este movimiento centrífugo nos conecta con una percepción de nuestro mundo interno donde puede ocurrir un trabajo tan íntimo como la autoaceptación… Contamos con esta temporada entre eclipses para replegarnos. Bon voyage hacia adentro…

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