Astrologia Reflexion

Cuarto Creciente en Piscis

[ 22-11 ] Cuarto Creciente en Piscis: el perdón como ungüento…

Un nuevo Cuarto Creciente nos abre el discurso del cuido. Cómo cuidar de la siembra de Luna Nueva está siempre dicho en la astrología de las Crecientes… Lo que comienza como una pulsión que se exterioriza en forma de rezo, comienza a mostrarse como un camino, y las Crecientes nos dejan las miguitas de pan que nos guían. En este caso, venimos de una Luna Nueva donde la sombra individual y colectiva sale de debajo de la cama como un monstruo que deja rastro de baba… Se nos muestra lo que duele, porque alguna vez nos lo hemos amputado, porque amenazaba nuestra PERTENENCIA. Y así hemos estado caminando, escindidxs. Un Cuarto Creciente en Piscis nos deja en claro que se crece aplicando empatía, gentileza y perdón a la herida. Estos son los ungüentos para el dolor, y son los amarres que pueden volver a unirnos con lo que hemos perdido…

¿Por dónde pasa el Perdón…?

Piscis nos cuenta sobre sobre la dimensión pre y post existencia física. Un plano donde aparentemente no hay límites que contornen forma alguna, donde todo está unido, siendo eterno e infinito. Por eso, muchas veces Piscis se nos presenta como un lugar un poco inaccesible, porque EXISTIR (físicamente hablando) ES UN LIMITACIÓN. Habitamos un mundo de formas; formas físicas, formas definidas por acuerdos, por palabras, por tiempos… Sin embargo, podemos extender la mano y tocar ciertas experiencias del orden de lo pisciano que «nos unen», nos amalgaman con todo lo circundante. Un Cuarto Creciente en Piscis, en ese caso, funciona como un aglutinante de lo separado. Y ante una lunación escorpiana que apunta al dolor de habernos fragmentado, Piscis propone al perdón como «pegamento» para los platos rotos…

Pero a las palabras hay que tocarlas con cuidado. Son como esponjas, absorben toda carga simbólica que toquen… «Perdón» es un vocablo que parece haber sido usada hasta el cansancio desde un lugar de «moralidad religiosa» en estos últimos milenios. En nombre de ese Perdón hemos de perder de vista la mirada objetiva sobre injusticias y maldades. En nombre de ese Perdón hemos de percibirnos bajo la normativa de un Padre castrador y todopoderoso… También en nombre de ese Perdón hemos de juzgar a «nuestrxs hermanxs». Así, el Perdón viene a ser una especie de absolución. Y para que exista tal cosa, primero tuvo que haber un juicio. Cuando decimos, después de un tiempo de luto de lo que dolió, «Yo te perdono», estamos diciendo que previamente hemos juzgado. Por eso muchas veces me pregunto: ¿quiénes somos nosotrxs para perdonar? En el sentido de que «quiénes somos nosotrxs para juzgar»…

Una alternativa posible.

¿Qué pasa si en vez de «perdonar» nos proponemos ver cómo hacemos para «corrernos de lugar»? No en el sentido de «mirar para otro lado», de hacernos lxs zonzxs con lo que nos remite a la experiencia de dolor. Hablo de percibir que, si nuestra mirada está clavada en la percepción que tenemos de tal persona o situación dolorosa, todo el relato de lo que somos hoy se construye a partir de ese punto de vista, esa perspectiva. ¿Y si abandonamos la tentación de juzgar y la presión de perdonar, y simplemente giramos y nos permitimos ver otro paisaje…? Un paisaje donde sí podamos percibir todo lo bueno que nos rodea, donde haya un sendero abierto y no un callejón sin salida.

Ya sea que esta necesidad de perdonar esté apuntando a un otro o a nosotrxs mismxs, si nos corremos de lugar comenzamos a ver otra cosa. La presencia del otro ya no está en ese nuevo paisaje, así como tampoco está esa forma fragmentada y corrupta de autopercibirnos. Se abre otra posibilidad de lidiar con lo que duele, y el Cuarto Creciente en Piscis posibilita un movimiento hacia una mirada más compasiva libre de juicios…

Entre la compulsión y la liberación…

Luna Creciente en Piscis en trígono a Venus recién entrada en Escorpio, y cuadratura al Sol recién entrado en Sagitario. Una Venus en Escorpio siempre se nos aparecerá como un deseo de conectar con lo profundo, no le vengan a esta Afrodita con nimiedades. Pero también es cierto que es una Venus que, al meterse con lo profundo, suele quedarse enganchada en repeticiones. Deseos compulsivos que terminan asociándose a una pulsión de muerte (no a la muerte física, sino a aquello que atenta contra la fuerza creativa)… Sería algo parecido a no poder «correrse de lugar», y quedarse mirando siempre el mismo paisaje destruido…

Al parecer, para salir del inframundo y contactar con la posibilidad de seguir andando, habra que librar una batalla, que siempre es a nivel interno… Mientras no podamos «corrernos de lugar», el panorama de lo derrumbado que duele seguirá siendo el único estímulo percibido. Y desde allí percibiré mi realidad. Quedar en paz con lo que fue será cada vez más imposible… La cuadratura entre la necesidad de paz, unión, empatía y amor (Luna en Piscis) y el andar del peregrino que se libera del dolor al buscarse en nuevos horizontes (Sol en Sagi) expresa dificultad. No será tan fácil. El dolor puede volverse objeto de deseo con una Venus en Escorpio que imanta…

¿Qué hacer?

Estar atrapadxs en una compulsión/repetición es algo difícil de trascender, porque el deseo compulsivo nos chupa como un remolino. Y obviamente, nos mantiene atadxs a una repetición que es callejón sin salida. Podemos quedarnos toda la vida atadxs a aquellas versiones de nosotrxs mismxs que nos duelen. La ex-novia de, el hijo abandonado, el hombre que no ha podido sostener, la mujer que ha sido manipulada. En todos estos casos, «mirar para otro lado» sería intentar olvidar lo que dolió, pero la transformación se expresa en la posibilidad de recordar sin dolor…

«Corrernos de lugar», por el contrario, nos abre la visión para observarnos de otra manera, no sólo como «la mujer manipulada» por ejemplo, sino también como «la mujer que puede aprender a poner un límite al abuso»… Pero para eso, hemos de abrirnos a una versión de nosotrxs mismxs que quizás nos sea desconocida, y al principio incómoda en cuanto «no-familiar»… Estos son los momentos visagra que tanto cuestan, y es ahí donde los deseos compulsivos nos tientan a la repetición.

Paso a paso…

Lo primero entonces, será el trabajo de reconocer nuestras compulsiones. Y lo siguiente será comprender que éstas no se desarticulan de un día para el otro, sino que será un camino de más caídas que descubrimientos… Para eso esta Piscis aquí: para animarnos a ser gentiles con nuestra Sombra y nuestros tiempos, para proponernos esa valentía. Cuando reconozcamos nuestras repeticiones y desvendemos sus orígenes, tendremos la mitad de la batalla ganada. La otra mitad, consistirá en desaprender, y aprender a ser y estar de otra manera…

Ahí es cuando llega el momento de parar de lamer nuestras heridas, e ir nuevamente al «campo de batalla», a la experiencia, salir al mundo de nuevo, a practicar alternativas. Y quizás tengamos suerte, y se nos ocurra otra forma de actuar, que nos abra otra experiencia distinta de aquella que nos mató. Pero para llegar ahí, pasémosle un unguento de amor a todo lo que dolió, y propongámonos corrernos de lugar para vislumbrar otro paisaje alternativo al paisaje árido de la muerte…

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