Rito Espiral

Capricornio – “Lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado”

Una cabra.

Una cabra, y una montaña. La vista fija en el objetivo, allí, obnubilante, preciado, como una perla aérea. Los ojos llenos de decisión, firmeza y constancia. La sangre corre bulliciosa por las venas. Una cabra, una montaña, y en medio de ambas, el camino. Aquí es donde está, allí es donde debe llegar…

 

Los huesos.

La cabra prepara su cuerpo, lo curte; sabe que de camino habrá obstáculos, y no puede quebrarse ante ellos. La cima sigue alta, espléndida, como una isla desierta que espera su presencia… La cabra traza mapas, estrategias, considera la dirección del viento y prevee las complicaciones del clima; se prepara para sugran expedición. Nada más importa.

 

Pero quien tendrá la última palabra (por más que a la cabra le pese) será la Montaña. Como vieja Abuela de piedra, será la estructura más imponente y certera a la que la cabra tendrá que atenerse. Aquí es seguro pisar, aquí no, aquí el agua del arroyo me lleva corriente abajo y me hace retroceder infinitos casilleros… Aquí el Abismo… La Montaña se coloca bajo los pies de la cabra como los cimientos de una casa, y la cabra se yergue sobre ellos, con maestría. La cabra se ha preparado para esto toda una vida, para esto ha nacido, para llegar a su lugar en el mundo.

 

Para llegar a la cima, hay estructura que sostiene el camino de la cabra, para que pueda erguirse como árbol frondoso. Para la cabra, las estructuras lo son todo. Ella mira su cuerpo, fuerte, ágil, curtido, y descubre que sus huesos también la levantan sobre sus propios pies… Y en sus huesos, escucha la voz de sus ancestros y ancestras, que sostienen la historia de la cual ahora ella viene a escribir un nuevo capítulo. Si niega su linaje, si niega sus huesos, no hay estructura que le permita llegar a la cima. Negar los huesos es negar la montaña, y negar la montaña es negar la cima. Y lo que importa es la cima; nada más importa.

 

¿Qué escucha la cabra, cuando le hablan sus huesos? Las raíces son estas, no pueden cambiarse. Pero el tallo crece hacia la cima, esta es la decisión de la cabra.

 

Partir.

La cabra tiene casa. Pero en casa, allí abajo, no hay cimas. No está su cima, su cima tan deseada, su lugar. La cabra salió de casa, en busca del lugar que lo espera…

 

Un cabra con cola de pez, una cabra con cola de agua. ¿Qué emociones deja la cabra atrás, al subir la montaña; qué afectos; que memorias? A veces, cuando la cabra llega a la cima, descubre que lo único que allí encuentra es la voz de su propio eco…

 

Qué paradoja es esta cima a veces…

 

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¿Se puede subir una montaña disfrutando del paisaje? ¿Se puede subir gozando? ¿Se permitirá la cabra momentos para parar a sentir el perfume de una flor silvestre? ¿Cómo hará la cabra para amar cual adolescente, alocadamente y sin importarle el tiempo, sólo por el placer del único momento que existe (éste)?

 

Y si no llega a la cima hoy, ¿podrá abrazarse y amarse por haberlo intentado?

 

 

 

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Autora

Lorena Butrón
Mujer del Clan de la Palabra, viajera, artista, terapeuta holística, astróloga y facilitadora de círculos de mujeres. Mulher do Clã da Palavra, viajante, artista, terapeuta holística, astróloga e facilitadora de círculos de mulheres.
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