Rito Espiral

Aries: El primer rugido, el grito de Guerra.

 

 

Centella divina

chispa creadora

el sendero oscuro

se va iluminando

Y los Guerreros se van despertando

Y las Guerreras se van despertando…

 

El Impulso.

No había nada. Mejor dicho, lo que había era: la Nada. Una masa quieta, silenciosa, uniforme, inmóvil, inanimada… Y de repente, una inspiración profunda… y el Soplo de vida. Y de repente, una inspiración profunda, y la primera Palabra. Y de repente, una inspiración profunda, y el primer paso. Y de repente, una inspiración profunda, y un grito de Guerra. Luego, el desafío será darle curso consciente a lo que ha comenzado… pero lo cierto es que, sin esto, todo seguiría siendo Nada.

 

El Guerrero.

 

Momentos antes del amanecer, en la quietud y el silencio del momento más oscuro de la noche, cuando ya se pensaba que nada cambiaría (ni el follaje de los Árboles, ni la piel de la Serpiente, ni las plumas del Águila), se oyó el grito de guerra tempestuoso del Guerrero. Y el Padre Sol clareó con sus rayos de Fuego.

 

Mucho había que ordenar. Territorios sagrados habían sido invadidos, porque no habían sido debidamente guardianados. Templos habían sido saqueados, profanados, derrumbados, junto con la fé de los fieles. Fuegos ceremoniales habían sido ensuciados y ahogados, o bien propagados en terrenos secos que se incendiaron y destruyeron. Cuerpos fértiles habían sido ultrajados, y la Gran Diosa agonizaba…

 

Hasta que un rugido que hizo la Tierra temblar se escuchó por los 4 Rumbos, y en los 4 Altares. Y hubo un Basta. Y hubo un límite. Y hubo un viento polvoriento luego del Guerrero afilar su espada cortando el Aire… No más. El Guerrero fue el instrumento de la Entropía. Y su rabioso rugido fue motivo de honra y respeto.

 

La Guerra.

Un pueblo nacido de la sangre derramada en vano. Del miedo a la diferencia. Nacido del exterminio. Este pueblo ya no quería luchar, cada vez que recordaban la guerra sentían que su historia les carcomía las vísceras. Nadie más vistió la armadura, y la maestría con la espada se perdió en unas cuantas generaciones… Y así nadie más luchó tampoco por el respeto, por la honra y por la paz. Se creyeron el cuento de que la paz nada tiene que ver con la firmeza y con algún que otro ceño fruncido. Confundieron al Héroe con el Mártir, y pusieron la otra mejilla…

 

La Guerra al servicio del Miedo era la única Guerra que conocían. La que sus abuelos habían luchado, y por la cual la sangre había corrido en vano. Y por eso ya no quisieron guerrear. Pero así nadie restituyó el orden: nadie guardianó los Espacios Sagrados, ni los templos, ni los cuerpos, ni los Fuegos… Esto fue necesario, para recordar que hay otra Guerra, al servicio del Amor (aunque suene paradójico), y que debe ser luchada. Para que los Guerreros vuelvan a ser aquellos valerosos guardianes de los Sagrado, aquellos que restituyen el orden del mundo al rugir… y decir Basta cuando es necesario.

 

El Fuego.

El Fuego es lo primero que existe luego de la Nada. El Fuego no se piensa, no se especula, no se duda. El Fuego se deja ser. Impulso espontáneo, que sorprende con su aparición. Arrebato pasional que viene de la pulsión más primaria. “Pensar antes de actuar” nos da la posibilidad de conducir el poder del Fuego. Mas, cuando el pensar anula la espontaneidad de la pulsión, del impulso, el Fuego se apaga.

 

El Guerrero es guardián del Fuego. Del Fuego de adentro, del Fuego del Espíritu, ese que debe ser alimentado siguiendo la voz del Corazón.

 

El Guerrero es el que comienza la jornada. Aún cuando, desde algún lugar, sepamos lo que debe ser hecho, sin el Guerrero interno al servicio no se da el primer paso.

 

El Guerrero es el que restituye el orden del mundo. Muchas veces a través del enojo sagrado que precisa ser resignificado y refinado, el Guerrero pone el límite necesario para guardianar su Espacio Sagrado y así, invitar a que cada un@ haga lo propio. Para colocar cada cosa donde corresponde, para devolver a cada quién lo que le pertenece.

 

 

Que nuestr@s Guerrer@s internos despierten y rujan desde su Fuego interno!!!

 

 

 

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Autora

Lorena Butrón
Mujer del Clan de la Palabra, viajera, artista, terapeuta holística, astróloga y facilitadora de círculos de mujeres. Mulher do Clã da Palavra, viajante, artista, terapeuta holística, astróloga e facilitadora de círculos de mulheres.
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