Astrologia Reflexion

Luna Llena en Piscis

[ MIÉRCOLES 2|9 ] Luna Llena en Piscis: «Renovar la forma de Lo Propio»

Cada Luna Llena nos relata la llegada a un ápice, un clímax, un auge. Algo que se «sembró» en Luna Nueva florece y da frutos. Quizás la siembra fue hace dos semanas. O hace aproximadamente 6 meses en la Luna Nueva que sucedió en el signo astrológico donde ahora tenemos una Luna Llena. O hace 13 ciclos lunares en los cuales las Lunas Nuevas han pasado por todas las 12 escuelas astrológicas. Lo importante es que estamos ante esta plenitud para observar qué tenemos para cosechar de nuestra siembra… A veces la cosa no pasa tanto por la cosecha, sino por acceder a la percepción, ahora con luz en la noche, de lo que en Luna Nueva no era visible. A veces las Lunas Llenas son «de darse cuenta»… ¿Qué nos cuenta esta vez una Luna Llena en Piscis, dentro de una lunación leonina?

Leo dentro de una narrativa diferente…

No quiero ser repetitiva, pero es importante que entendamos esto (¡prometo que a partir de la próxima lunación no lo digo más!). Al haber tenido este año dos Lunas Nuevas en Cáncer consecutivas, todo el discurso lunar se ha «corrido», generando nuevos discursos. Básicamente, un ciclo lunar es un diálogo Luna-Sol, conformado por una conjunción (0°) en Luna Nueva, dos cuadraturas (90°) en Creciente y Menguante, y una oposición (180°) en Luna Llena. Por lo tanto, la astrología lunar está normalmente marcada por signos que encontramos a cada 90° en la rueda zodiacal. Esta geometría se ha corrido un poco, y como les digo, esto no significa que el cielo esté «deforme», sino que simplemente otros relatos y narrativas emergen… En esta lunación comenzada en Leo, en vez de tener una Luna Llena en Acuario (lo esperable) la tenemos en Piscis.

Leo | Piscis. El vértigo por la disolución de «Lo Propio».

El Fuego en astrología nos habla, entre otras cosas, de la dimensión individual del Ser. Del Yo. Claramente, cada uno de los 3 signos de Fuego nos compartirá una perspectiva propia… Como decíamos en el artículo pasado (Cuarto Creciente en Sagitario), la visión del Yo ofrecida por Leo es la de la perspectiva del infante. Que tanto nos recuerda de nuestro propio Brillo, pero que también corre el riesgo de quedarse demasiado prendado de la aprobación externa para validarse. De que la otredad mire hacia ese mi Brillo y lo coloque en el pedestal que le corresponde…

Una Creciente en Sagitario nos ha invitado a repreguntarnos «¿Quién es este Yo?» desde el lugar más filosófico y ontológico posible. Nos ha inducido a comenzar una búsqueda identitaria profunda. Si no soy aquel infante que busca el amor afuera como una forma de validación, ¿entonces quién soy? Pues una Luna Llena en Piscis alumbra con su plenitud la Nada, la no-forma, la disolución de los contornos de mi Yo (que son límites) como el clímax de aquella búsqueda… Imagínense que para Leo esto es un gran desafío… «Si estoy aquí desde siempre intentando definirme a través de lo que me hace especial y únicx, y a veces no consigo ser miradx lo suficiente, mucho menos lo conseguiré si no me defino como nada ni nadie en particular»… Al menos eso es lo que Leo probablemente pensaría.

Sin embargo, quizás este camino sea la única manera de volver a construirnos desde lugares menos narcisistas, menos «necesitados de amor y aprobación». Llevar el Yo a la Nada (si esto es acaso posible), ser un lienzo en blanco, trascender el vértigo de la disolución total…

La Materia que seré.

Una oposicion entre Luna Llena en Piscis y un Sol en Virgo nos recuerda que este estado no-formal es sólo un tránsito hacia el encuentro con otra forma, y no un lugar para quedarse por siempre. Pero, por otro lado, nos enfrenta con la compulsión por el control que puede hacer con que entregarnos a un proceso de disolución sea un reto inaceptable… Un sextil entre Luna y Urano en Tauro nos deja claro que este estado no-formal es un umbral hacia una mutación formal de nuestra individualidad. Ahí está la promesa, el intento, la posibilidad, pero habrá que trabajar por ello…

¿Por qué llevarnos a cero?

Finalmente, un quincuncio con Vesta en Leo nos pide recapitular y clarear la incógnita del por qué de toda esta disolución, que puede ser tan amenazante, que puede doler. Vesta, guardiana del Fuego del espíritu, nos recuerda en Leo que la posibilidad de Ser en vitalidad es siendo interpeladxs por el Amor en todas sus formas, comenzando por el autoamor, sin dudas. Pero la Luna Llena en Piscis le retruca, a través del quincuncio: «Hemos aprendido un amor opaco, o bien con un brillo que busca la mirada del afuera como la teta de mamá… ¿Entiendes que debemos disolver todo aquello con lo que nos identificábamos, para recrear un Yo más autónomo, más entero… para crecer?»

Dejar atrás las viejas formas de vivenciar el amor puede doler, oh sí. Porque somos mamíferos, seres de manada, seres que fueron amamantados. La supervivencia está íntimamente ligada al afecto. Y es desde nuestra fase de niñez que hemos estado aprendiendo (cada unx a su manera y dependiendo de sus experiencias inaugurales) a «vivir el afecto». A verse unx afectado por el cariño. Cambiar eso aprendido es meterse casi que con un lenguaje de programación del computador más poderoso que existe: nuestro cerebro. Nuestra psique. Es quizás raro leerlo, pero el amor está en el cerebro. No porque sea algo del orden de lo pensado (bueno, sí lo es, también…), sino porque nos vinculamos con el amor a partir de los aprendizajes afectivos que nos inauguran, y que el cerebro ha guardado como información desde la niñez…

Del Yo (aparentemente) seguro de sí mismo, a la disolución total de nuestras fronteras. Para reconstruirlas desde otro lugar, con otros ojos. Así andamos por este discurso lunar… ¡Feliz Luna Llena para todxs!

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